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Cuando Japón alcanzó los octavos de final de un Mundial gracias al juego limpio

La selección japonesa fue protagonista de un hecho único hasta ahora en la historia de la Copa del Mundo. Un desempate a su favor en una fase de grupos gracias al juego limpio, el sexto de los siete conceptos que la FIFA establecía para resolver las igualdades. Tan solo quedaba recurrir al ranking FIFA, pero la corrección nipona les permitió pasar ronda.

Sucedió en el Mundial disputado en Rusia en 2018. Los japoneses afrontaban su sexta participación en una fase final desde su debut en Francia’98. En los cinco antecedentes, solo habían logrado pasar a octavos de final en dos ocasiones, siendo ese su techo en la competición.

El sorteo encuadró a los nipones con Colombia, Polonia y Senegal en el grupo H. Los dos primeros pasarían a octavos de final. Y todo empezó bien para la selección que dirigía Akira Nishino, en la que militaban dos futbolistas de la Liga española: los centrocampistas Takashi Inui -fichado por el Betis tras jugar en el Eibar y que también pasó por el Alavés- y Gaku Shibasaki, en aquella época en el Getafe y que también jugó en el Tenerife, Deportivo y Leganés.

Caminos paralelos

En el primer partido, Japón derrotó a Colombia por 1-2, el mismo marcador con el que Senegal se impuso a Polonia. Tras la primera jornada, asiáticos y africanos ya estaban empatados a todo: puntos, diferencia de goles y tantos marcados. Y esa igualdad se mantuvo en su enfrentamiento directo, en la segunda fecha de competición. Un 2-2 en Ekaterimburgo, con los ‘samurai blues’ igualando las dos ventajas que tenían en el marcador los ‘Leones de Teranga’.

Así se llegó a la jornada final, con Japón y Senegal en las dos primeras plazas con 4 puntos. Mientras, Colombia era tercera con 3, tras haber vencido a Polonia en la segunda fecha. Tanto japoneses como senegaleses sabían que puntuando en la última jornada aseguraban el pase a octavos. Sin embargo, sucedió algo inesperado después de los resultados anteriores: una doble derrota.

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Hiroki Sakai, en acción contra Senegal
EFE
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Los dos partidos se jugaban a la misma hora para evitar que se pudiera especular con el resultado del encuentro que acabara antes. En Volgogrado, Polonia se adelantó ante Japón en el minuto 59 con un tanto de Bednarek. Y hasta allí llegó la noticia de que en Samara, Yerry Mina marcó para Colombia ante Senegal. En ese momento, los cafeteros se ponían primeros de grupo, mientras que Japón y Senegal ocupaban las dos siguientes posiciones, empatados absolutamente a todo.

Las tarjetas deciden

Tres partidos jugados. Una victoria, un empate y una derrota. Cuatro goles a favor y cuatro en contra. Cuatro puntos. Y en el enfrentamiento directo, 2-2. ¿Quién acabaría segundo? El empate en puntos totales, diferencia general de goles, más goles totales marcados, enfrentamiento directo y número de goles en ese choque obligaba a recurrir al sexto criterio: el juego limpio.

Se trataba de contabilizar el número de tarjetas amarillas y rojas enseñadas a ambas selecciones en los tres partidos. Cada amonestación representaba un valor negativo. Japón había visto cuatro tarjetas amarillas (-4), mientras que los senegaleses recibieron seis amonestaciones (-6). Y ahí se acabó todo. La escuadra nipona acababa segunda y la africana, tercera y, por consiguiente, eliminada.

Enfado senegalés

Naturalmente, en Senegal no gustó la decisión final, aduciendo que Japón especuló con el resultado final de su partido contra Polonia porque sabía que esta norma les beneficiaba. “En el futuro, la FIFA debería penalizar a un equipo que juega así”, manifestó el portavoz de la Federación Senegalesa de Fútbol, Kara Thioune. Pero los nipones lo veían de otro modo. “Elegí mantener el resultado y confiar en lo que pasaba en el otro partido. La situación me obligó a tomar esa decisión y mis jugadores fueron muy leales. No es algo que me guste porque yo soy un técnico ofensivo, pero merecimos la clasificación”, señaló Akira Nishino.

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Akira Nishino, el seleccionador japonés en 2018
EFE
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Hay que decir que si se hubiera recurrido al último supuesto, el ranking FIFA vigente en ese momento, Senegal se hubiera clasificado. Los ‘Leones de Teranga’ ocupaban al inicio de aquel Mundial la posición número 27, con 838 puntos, mientras que Japón estaba en el puesto 61, con 521. Pero antes de esa consideración estaba la disciplinaria y fue el factor decisivo para dirimir una igualdad tan extrema, en el único caso que se ha dado hasta la fecha.

Pese a la clasificación para octavos, el camino de Japón acabó en esa eliminatoria, la cual es su techo en la historia de la Copa del Mundo. En Rostov, los de Nishino iban ganando a la Bélgica del hasta ahora seleccionador de Portugal, Roberto Martínez, por 0-2 con goles de Haraguchi (48’) e Inui (52’). Sin embargo, los belgas levantaron el partido con tantos de Vertonghen (69’), Fellaini (74’) y Chadli (90’+4). Fue el final del sueño nipón en un Mundial de Rusia en el que su juego limpio valió su peso en oro, como nunca había sucedido en este torneo.

Fuente original: www.sport.es →