Cada gran torneo internacional tiene un efecto inmediato en el mercado de fichajes. Un buen Mundial no solo cambia el estatus deportivo de un futbolista, sino también su precio. Para los clubes compradores supone un riesgo evidente, ya que esperar puede significar tener que pagar decenas de millones más. Para los vendedores, en cambio, es el escenario perfecto para maximizar una operación.
El FC Barcelona es un buen ejemplo de esta estrategia. El club azulgrana decidió cerrar con antelación el fichaje de Anthony Gordon, procedente del Newcastle, evitando así que una buena actuación del extremo inglés en el Mundial encareciera todavía más una operación que ya alcanzó los 70 millones de euros fijos más variables.
El precio se dispara
No todos los equipos han podido actuar con esa previsión. Hay futbolistas que están aprovechando el escaparate del Mundial para multiplicar su cotización en cuestión de semanas. El caso más llamativo es el del suizo Johan Manzambi. Sus actuaciones con Suiza han despertado el interés de media Europa y varios medios ingleses aseguran que el Newcastle está dispuesto a realizar una importante inversión para hacerse con sus servicios. Algunas informaciones hablan de una negociación por unos 50 millones de euros, aunque otras sitúan las pretensiones del Friburgo en torno a los 60 'kilos', una cifra impensable antes del torneo.
Otro nombre que también está ganando peso en el mercado es el de Antonio Nusa. El extremo noruego, uno de los futbolistas más desequilibrantes de su generación, continúa acumulando pretendientes en la Premier League. En Inglaterra ya se habla de clubes dispuestos a alcanzar los 60 millones de euros para incorporarlo, una muestra más de cómo el Mundial acelera la inflación del mercado.
El patrón se repite en cada edición. Los grandes torneos ofrecen una exposición incomparable y una actuación destacada basta para que aumente el número de pretendientes y, con ello, el precio de salida. Los clubes compradores se ven obligados a entrar en subastas que hace apenas unas semanas no existían, mientras que las entidades propietarias ganan fuerza en las negociaciones y pueden exigir cantidades mucho más elevadas.
Por eso cada vez más direcciones deportivas intentan adelantarse al Mundial. El razonamiento es sencillo: si el jugador ya convence antes del torneo, esperar rara vez supone una ventaja. Al contrario, una gran competición internacional puede convertir un fichaje asumible en una operación prohibitiva. El Barça lo entendió con Gordon. Otros clubes, en cambio, tendrán ahora que decidir si pagan el sobreprecio que inevitablemente generan los focos del mayor escaparate del fútbol mundial.