Mirando a Segunda. Buscando referentes, tratando de encontrar un camino por el que otros hayan conseguido transitar con éxito. El Gimnàstic lo hizo siempre en Primera RFEF, desde su fundación en 2021, hasta el curso pasado, en el que la fórmula falló, seguramente porque no tuvo todas las piezas. Beto Company, formado futbolísticamente en Tarragona, lo vivió en primera persona, por eso no sorprende el empeño que ha puesto el Hércules en volver a concentrar en Alicante a tres de los hombres que se quedaron a un suspiro, a un paso sumamente corto, de devolver a los catalanes a Segunda División.
El reingreso en el fútbol profesional obsesiona al club, a su entorno, a su masa social, puede que incluso a la ciudad, por eso, en el tercer intento consecutivo de los alicantinos, no puede fallar nada. La rivalidad es tan grande que es inusitada. Nunca antes, la categoría creada por Luis Rubiales había reunido a tantos históricos por un solo lado del cuadro. La pelea por subir será terrible, de ahí que la comisión deportiva haya apostado por perfiles muy testados en los puestos determinantes, y por talento joven para arropar a esa sabiduría, y dotarla de músculo y pulmones.
Toñín Cortés, Víctor Narro y Álex Jiménez jugaron juntos aquel partido en Zubieta el 22 de junio de 2025. El filial de la Real Sociedad se había impuesto en Tarragona 1-3, así que la final se les puso muy cuesta arriba. El Nàstic accedió al «play-off» terminando quinto la liga regular. En la primera eliminatoria se deshizo del Real Murcia. Empate en la ida y resolución en la Nueva Condomina (0-1). Narro y Toñín fueron titulares, Jiménez entró después. El tanto llegó a la hora de juego para abundar en el malditismo grana, muy ligado al blanquiazul.
El impulso no dio para maniatar a la Real B en la ida. Hubo que esperar a la cita en San Sebastián para rozar la proeza. Solo el delantero centro formó de inicio en Donostia, los otros dos jugadores del Hércules actual ingresaron en el terreno de juego en la segunda parte. Había que remontar un 1-3 y se quedaron muy cerca. Juntos hicieron lo más difícil, igualar la eliminatoria (0-2) y forzar la prórroga. Fueron superiores, crearon ocasiones, pero la fatiga terminó pasando factura y Manex Gibelalde Mujika ‘Guibe’, entonces un niño, ahora en el filial del Athletic, anotó en el 108 su único gol de toda la temporada, el que le valió el ascenso a la Real Sociedad B.
Saber sufrir
Otra vez murió en la orilla el Nàstic, que el curso anterior había sufrido otro desenlace desfavorable muy trágico, esta vez contra el Málaga, en un duelo cruento en el que no estuvieron ninguno de los tres, pero sí otro herculano con contrato en vigor: Andy Escudero.
El carácter, la lucha, el sacrificio y la experiencia en situaciones de máxima exigencia, de tensión irrenunciable, se les presupone a todos ellos, por eso Beto Company ha reafirmado el deseo blanquiazul de contratarlos para darles la oportunidad de resarcirse tras sendas aventuras en el extranjero, en los casos de Toñín y Narro, que pintaban muy bien, que les valió para subir varios peldaños de una tacada en la escala salarial, pero que no fue acompañado de protagonismo en sus equipos, el Korona Kielce polaco y la Sampdoria de la Serie B italiana, respectivamente.
El preparador valenciano vivió en primera persona la evolución de aquel proyecto ganador después de trabajar mucho tiempo en la región
Ambos regresan a España en calidad de cedidos con una opción preferencial de compra que se ha asegurado la SAD propiedad de la familia Ortiz. Jiménez firmó en propiedad después de haberle dado la permanencia al Nàstic una semana antes de visitar el Rico Pérez, permitiéndole depender de sí mismo en la última jornada del campeonato –algo capital en esas circunstancias agónicas– después de marcar en el tiempo añadido un penalti que nadie quería tirar en el Costa Daurada... salvo él.
Beto entrenó a la Pobla de Mafumet, la Rapitenca, el Reus B y el Amposta, su trayectoria ha estado ligada al fútbol tarragonés durante años. Esa experiencia local y su ascendencia en categorías superiores le confieren un sello propio y conocimiento del tejido futbolístico de la región. Ahora dispone de jugadores a los que conoce bien, no es un plantel impuesto como el que heredó el año pasado, cuando suplió a Rubén Torrecilla. Su momento es ahora. Su oportunidad para triunfar sin cortapisas, sin la sombra alargada de Gerard Piqué empañando su gran éxito personal, el ascenso con el Andorra, por eso no ha dudado en volver a reunir a la banda.