A sus 19 años, Lamine Yamal acaba de conquistar su primer Mundial con España y se prepara para iniciar la pretemporada con el FC Barcelona.
El joven extremo, convertido ya en una figura global, mantiene intacto el vínculo con Rocafonda, el barrio humilde de Mataró donde creció y donde aún se refugia para estar con los suyos. Allí, entre calles que recorrió miles de veces con un balón en los pies, su familia y vecinos siguen viviendo su éxito como algo propio.
Los orígenes que nunca se borran
Lamine Yamal siempre ha llevado Rocafonda en la piel. El 304, los últimos dígitos del código postal del barrio, continúa siendo su gesto de celebración tras cada gol. Aunque su vida ha cambiado por completo desde que debutó con el Barça y se convirtió en uno de los talentos más precoces del fútbol europeo, su entorno insiste en que él sigue siendo el mismo chico que jugaba en la plaza hasta que caía la noche.
Su primo Mohamed Abde, que lo ha acompañado desde niño, recuerda cómo la familia vivió sus primeros pasos en la Masía y cómo, incluso ahora, tras ganar un Mundial, el joven mantiene una rutina sencilla cuando vuelve a casa.
La familia, el refugio del campeón
Mohamed explica que la decisión de mudarse a la Masía fue dura, pero acertada. La familia nunca dejó de visitarlo y él jamás perdió el contacto con su entorno. "Siempre hemos estado con él. Cada fin de semana, cada día que podía. Está a gusto, y eso es lo importante", afirma.
Lo que más sorprende a quienes lo conocen es su frialdad competitiva. Ni las semifinales de una Eurocopa, ni una final de Champions, ni ahora un Mundial parecen alterar su pulso. "Yo flipo con él. Le pregunto si está nervioso y me dice que no, que está tranquilo. Tiene una mentalidad increíble", cuenta Moha.
A pesar de la explosión mediática y del impacto global que ha generado su fútbol, su primo insiste en que Lamine sigue siendo el mismo chico de siempre. "No ha cambiado. Sigue viniendo aquí al barrio a visitar a su familia. Siempre se ha juntado conmigo y con Souhaib. Como mucho somos un grupo de tres personas y ya está", explica.
El entorno destaca su madurez, su capacidad para mantener los pies en el suelo y su rechazo a los grandes grupos o a las distracciones. "Tiene la cabeza bien amueblada. Es muy maduro para la edad que tiene", añade Mohamed.
El barrio, orgulloso de su héroe
Rocafonda vive cada logro de Lamine como una fiesta colectiva. Vídeos, celebraciones improvisadas y mensajes de orgullo recorren las calles cada vez que el joven marca o protagoniza una actuación decisiva. "La gente está muy contenta. Ayer me pasaron vídeos de todo el barrio celebrando su gol en el Mundial. Es una locura", relata su primo.
Tras levantar la Copa del Mundo, Lamine se prepara para regresar al Barça y afrontar una temporada marcada por la exigencia y las expectativas. En el barrio ya se habla de posibles fichajes y de cómo podría reforzarse el equipo.