"Me gustaría que la gente le viese entrenar día a día, su sonrisa es contagiosa. Es una locura de jugador y yo no voy a descubrirlo. Trabaja como el que más y tiene un talento diferencial que le ha hecho tener la carrera que ha tenido". Pierre Emerick Aubameyang acababa de asaltar La Cerámica, el terreno de juego de un equipo Champions como el Villarreal, y de poner de nuevo patas arriba la Primera División, pero a Antonio Hidalgo le nacía hablar del jugador de cada mañana, ese al que no le alumbran los focos de los estadios, ese que sirve de tutela a los más jóvenes, ese que guía con el ejemplo, ese que cuida y protege al grupo, ese que ayuda a fichar futbolistas, ese que entiende el entorno y lo que supone el Deportivo para una ciudad como A Coruña. Todo con una sonrisa, como si no le costase, con un dominio apabullante de la escena. Un líder para un grupo atrevido e inexperto. "Me apetece este nuevo rol, pienso que ya lo hice en el Marsella y en Gabón, donde hay mucho joven y yo soy un jugador mayor. Voy a intentar ayudar a todos, a los jóvenes, en lo que pueda. Lo más importante es lo que pasa en el campo, en el entrenamiento día a día", dijo en su presentación.
Su fútbol
Si algo sostiene la figura Aubameyang por encima de todo, es su fútbol, sus goles, esa capacidad que ha demostrado para ser el epicentro del Deportivo en el campo. Su pegada, sus carreras, sus asistencias son las que nutren el casillero de victorias y que le dan sentido a todo. Cuatro goles y dos pases decisivos a Luismi y Eddahchouri que son mucho más que eso. Todo orbita en torno a él y esa influencia le permite al equipo coruñés atraer con la pelota, presionar arriba, jugar con esos espacios que siempre se devora el ex del Olympique. Desde el sufrimiento y el trabajo, al gabonés se le nota que está disfrutando. Solo Raphinha y Camello llevan más goles que él, pero siente el peso de una entidad como el Dépor sobre sus hombros y le encanta esa responsabilidad. Es uno de los nombres de esta Liga. De hecho, está nominado a mejor jugador del mes de agosto. Nada es casualidad, su nivel físico y futbolístico, menos. "He trabajado mucho, lo tenía en mente", dijo después de recoger uno de esos MVP de partido que se le acumulan en la vitrina de casa, aunque solo lleva un mes en A Coruña.
Su ejemplo
En La Rosaleda se produjo una de esas acciones que no sale en los resumenes de los partidos y que no se convierte en un highlight, pero que lo dicen todo de un futbolista. El Deportivo peleaba por aguantar el 0-0 en uno de sus partidos más grises de esta Liga y Aubameyang esprintó casi en el minuto 90 para hacer una cobertura y arrimar el hombro para salvar un empate. No cuenta tanto como los goles, pero la jugada explica a qué nivel de implicación ha venido el delantero a A Coruña a sus 37 años. Es uno más, va a pelear cada centímetro como si fuera un juvenil. Y si una estrella como él es capaz de tener ese nivel de esfuerzo y sacrificio, ¿quién va a regatear una carrera? Nadie. Es una manera de liderar con el ejemplo, entre las muchas que ha demostrado tener en estos meses. También lo ha conseguido con su actitud diaria. Sonríe, pero "trabaja como el que más", tal y como reconoce Hidalgo. Es un futbolista que, además, no ha tenido lesiones de gravedad en toda su carrera y eso solo se consigue siendo meticuloso con la prevención, no faltando al gimnasio, cuidando la alimentación... Un master de cómo ser un futbolista de élite durante 24 horas los siete días de la semana.
Sus palabras
"Sufrir así, de la manera que lo hicimos, es lo que va a hacernos más fuertes. Son tres puntos importantes fuera de casa". Aubameyang se encargó de poner los pies en el suelo en la zona mixta de Vila-Real en un momento en el que un recién ascendido como el Dépor está coqueteando con la zona Champions. Él fue el responsable de que no se llenen de pajaros ni de ilusiones vanas las cabezas de unos futbolistas jóvenes, sin apenas experiencia en Primera. En esa alocución se acordó de Eddahchouri, que había marcado y juega poco, y de Adama, quien acababa de debutar con el infortunio de ser el protagonismo de un autogol. Un mensaje al grupo, también a las personas que más lo podían necesitar. La veteranía a través del mensaje.
La química de vestuario
Ese buen talante que siempre porta y que le ha hecho famoso le están sirviendo para ser, en parte, el pegamento del vestuario. Ya en la pretemporada de Italia hizo de cicerone de Bil y hace unos días desactivó, desde el humor, cualquier aluvión en redes sociales después de esa presentación de Adama Traoré, donde no paró de repetir la palabra "básicamente". El trabajo se lleva siempre mejor desde la sonrisa y desde esa química de vestuario que él siempre se ha encargado de cultivar. Más desde ese rol de líder que tiene ahora mismo.
Dispuesto a ayudar y a fichar
Fernando Soriano no ocultó que Aubameyang desempeñó un papel importante en el fichaje de un Adama Traoré que al principio se resistía. Ambos habían coincidido en el Barcelona y era una celestina natural. Eso sí, su papel de casamentera no se quedó ahí y siempre se mostró predispuesto a descolgar el teléfono y llamar a quien fuese necesario para que se sumase a la causa. Fue un ayudante más del director de fútbol. Pocos reclamos mejores que su sola presencia, que oir su voz al otro lado.
El entorno
"Conozco al Dépor desde pequeño, cuando jugaba en Champions. Volver a verlo en Primera y poder ayudar a este equipo es importante para mí". Aubameyang sintió el peso de la historia cuando Fernando Soriano descolgó el teléfono para llamarlo. Sabía quién era el Dépor y, en ese sentido, se ha afanado por entender lo que ha sido el equipo y lo que supone para la ciudad y el deportivismo en su día a día. Hace unas semanas se le vio jugando una pachanga con unos jóvenes, interactúa en redes sociales cuando tiene la ocasión y siempre tiene un mensaje para una grada. Se siente " muy querido" y no para de agradecer todos los gestos. Ya es un ídolo en la ciudad.