Ter Stegen sigue entrenando y el Ajax, esperando
El Barça de Hansi Flick ha realizado este sábado la última sesión de entrenamiento de la semana. El técnico alemán, tras una primera intensa semana de pretemporada, ha dado fiesta este domingo a sus hombres. Volverán a sudar el lunes. Habrá que ver si ya con Adeyemi, que sigue esperando que su fichaje se haga oficial para ponerse a las órdenes del entrenador. Y también habrá que ver si Marc-André Ter Stegen sigue ejercitándose en la Ciutat Esportiva Joan Gamper.
De momento, este sábado, el guardameta alemán ha seguido entrenando a las órdenes de Flick. Su cesión al Ajax está acordada por las tres partes, los dos clubes y el portero, pero no acaba de cerrarse. Según fuentes del club por unos problemas burocráticos, asuntos fiscales más en concreto, que se espera puedan resolverse muy pronto. Y es que con todo acordado entre las partes, en los Países Bajos esperan a Ter Stegen con cierta urgencia. Y es que el equipo de Amsterdam, entrenado por Míchel, juega su primer partido oficial de pretemporada el próximo jueves. Será ante la Vojvodina, partido correspondiente a la fase previa de la Conference League.
Probablemente Míchel, el principal valedor de la llegada de Ter Stegen al Ajax tras tenerlo en el Girona, aunque por poco tiempo por culpa de una desgraciada lesión, sabe que no podrá contar con el alemán para ese partido, pero sí espera tenerlo para la vuelta, que se jugará en los Países Bajos justo una semana más tarde. Ter Stegen, con contrato con el Barça hasta el 30 de junio de 2028, marchará cedido por segunda temporada consecutiva. Como ya pasó con el Girona, el Barça asumirá la mayor parte de la ficha del portero. tr-sport.click
La marcha de Ter Stegen y la ausencia de Joan Garcia hasta dentro de un par de semanas por su participación en el Mundial, han hecho que Flick haya reclutado al joven portero Iker Rodríguez, que viajará a Inglaterra para participar en el stage de pretemporada junto a Szczesny y Áron Yaakobishvili. Este último e Iker Rodríguez parece que se jugarán la plaza de tercer portero esta temporada.
Así fue el duro camino de Umoja Gibson hasta el Barça
El Barça ha puesto la directa esta semana anunciando hasta cinco de los nueve fichajes que llevará a cabo de cara a la próxima temporada. Olivier Nkamhoua, Justin Robinson, Josh Nebo, Umoja Gibson y Agus Ubal se unen a Juan Núñez, Kevin Punter, Darío Brizuela, Joel Parra y Tornike Shengelia, que estarán a disposición de Aleksander Sekulic.
El anuncio de la contratación del esloveno como nuevo entrenador del Barça se demorará unos días y tocará esperar a inicios de la próxima semana. Un 'retraso' que en ningún caso afecta a su desembarco en el Palau y que está confirmado tanto por parte del club como de su representante, que compartió en sus redes sociales una foto de su cliente acabando de repasar el contrato con el que será su nuevo equipo.
Los que quedan por llegar
La plantilla azulgrana va tomando forma, y tan solo queda anunciar las llegadas de Stanley Umude y Tyrese Martin como nuevos aleros del equipo, y luego resolver la carpeta de los pívots. Ante la frustrada llegada de Moses Wright, la secretaría técnica sigue sondeando cuál es la mejor opción para acompañar a Nebo en la pintura, sin descuidar tampoco la llegada de un tercer '5' que complete la posición. 'SPORT' ya explicó unos días que en la sección hay un músculo económico importante para poder acometer la llegada de un pívot que marque diferencias.
Volviendo a los fichajes, el nombre menos conocido hasta el momento para el gran público es el de Umoja Gibson. El jugador, nacido en Waco, Texas, hace 28 años, aterriza en la capital catalana en plena madurez física y deportiva, y después de haber ido labrando una carrera en la que terminar en uno de los mejores equipos del baloncesto continental podía parecer una utopía pocos años atrás.
Seis años universitarios y unos registros históricos con el triple
La carrera en el baloncesto universitario de Gibson fue atípica en cuanto a la duración. Si cada jugador, por norma general, puede estar cuatro años, el nuevo base azulgrana estuvo seis. En su primera campaña, una inoportuna lesión (fractura de pierna) tan solo le permitió jugar dos partidos, pero recibió una 'medical redshirt' con la que pudo conservar una temporada adicional. Además, la temporada afectada por el covid (2020-21), todos los jugadores recibieron por parte de la NCAA un año más de elegibilidad. Fueron tres universidades diferentes (North Texas, Oklahoma y DePaul), y un total de 428 triples que en su día, le convirtieron en el 15º máximo triplista de la División I de la NCAA, en la que compiten los talentos más prometedores del baloncesto americano.
Progresión meteórica en el baloncesto europeo
El lanzamiento exterior ha sido una de las grandes virtudes que siempre le ha acompañado. Sin ir más lejos, este último curso en las filas del Cedevita Olimpija, Gibson promedió 15,9 puntos con un 37,8% de acierto desde el 6,75 en la Eurocup. Antes de llegar a la capital eslovena, el estadounidense cruzó el Atlántico de la mano del Göttingen alemán (23-24) y el curso posterior militó en el Spartak Subotica serbio, con el que compitió en la Liga Adriática.
Gibson viene de echar la puerta abajo esta última campaña, siendo el noveno jugador con mayor media anotadora en la Eurocup. En la segunda competición continental ha exhibido sus virtudes: es un '1' eléctrico, con un manejo del balón y unos fundamentos excepcionales, con la capacidad para generarse sus propios tiros, ya sea desde más allá del triple o terminando con bandejas en canasta. Su baja estatura (1,82 metros) puede jugar en su contra en defensa, pero ser un dolor de cabeza en ataque para su rival. La intensidad siempre le acompaña en ambos lados de las pista, y su energía debe ayudar al equipo en pista cuando las fuerzas escaseen. A veces retiene en exceso el balón, si bien es cierto que en el Cedevita era el líder absoluto del equipo, en una situación que cambiará en el Barça. Gibson aspira a ser un jugador importante, con puntos en sus manos, y a ser uno de los preferidos de la afición por la espectacularidad de algunas de sus acciones.
Aspira a contar con nacionalidad búlgara y no contar como jugador extracomunitario
Hasta el momento, Robinson, Martin y Gibson ocupan plaza de extracomunitario de cara a la próxima temporada. Gibson cuenta con pasaporte búlgaro, pero hasta que no debute en partido oficial con la selección, no ocupará plaza de comunitario en las competiciones ACB. Se espera que el próximo 30 de agosto juegue partido internacional ante Rumania para que deje de ser 'extra'.
Carta de un español a su familia argentina antes de la final: “Nunca tuve que elegir; hasta ahora”
Nunca pensé que un partido de fútbol pudiera hacerme entender mejor la vida que me ha tocado vivir.
Hay cosas que uno imagina tantas veces que acaba convencido de que nunca van a pasar. Ver a España y Argentina jugando una final del Mundial era una de ellas.
Y, sin embargo, aquí estamos. Este domingo.
Durante mi vida he visto ganar un Mundial a España, otro a Argentina y me he sentido campeón del mundo en los dos. Nunca tuve que elegir. Nunca hizo falta.
Hasta ahora.
Cuando estoy en Argentina soy el gallego. Cuando estoy en España soy el argentino.
Y, curiosamente, en ambos lados siempre termino defendiendo al otro.
En Argentina me toca explicar por qué quiero tanto a España.
El país donde nací, donde crecí, donde están mis amigos, mi novia, mis recuerdos y donde algún día quiero criar a mis hijos.
Pero también es un país del que tuve que enamorarme por mi cuenta.
En mi casa nadie me enseñó a pedir una caña ni a emocionarme con unas fiestas de pueblo ni a discutir si la tortilla lleva o no cebolla ni a entender por qué un bar lleno un martes cualquiera es sinónimo de que todo va bien.
Todo eso lo aprendí fuera de casa: en el colegio, con amigos, con las familias de esos amigos, viajando y, sobre todo, por curiosidad.
Y un día me di cuenta de que España ya no era solo el lugar donde había nacido.
Era mi casa.
Cuando vuelvo a España, me toca hacer exactamente lo contrario.
Explicar Argentina.
Ese país que nunca tuve que descubrir.
Siempre estuvo ahí: en la forma de hablar de mis padres, en las historias de mis abuelos, en esas sobremesas donde nadie habla bajo y, aun así, nadie se está peleando.
En los asados, en las Navidades con calor y en esa costumbre tan argentina de que siempre aparezca un plato más sobre la mesa por si llega alguien.
Por eso, cuando aterrizo en Buenos Aires y veo a mi familia esperándome, no siento que haya llegado a otro país.
Siento que he vuelto a una parte de mí.
Hay una imagen que resume bastante bien todo esto.
El himno de España no tiene letra y nunca la he echado de menos.
En cuanto suenan las primeras notas, se me ponen los pelos de punta.
El himno argentino sí la tiene. Me la sé entera, la canto y la siento. Y no recuerdo haberla aprendido. Simplemente un día me di cuenta de que ya estaba dentro de mí.
Si hablamos del partido…
Sí. Quiero que gane España.
Quiero vivir lo que apenas recuerdo de 2010. Quiero abrazarme con mis amigos, salir a la calle y ver a mi país unido durante unas horas.
Porque hay algo que siempre me emociona cuando juega España.
Durante unos días desaparece esa sensación de que hay que justificar el querer a tu país.
Las camisetas vuelven a salir del armario, las banderas vuelven a los balcones y, por unas horas, todos parecemos recordar que también sabemos hablar en plural.
Ojalá vuelva a pasar.

Pero hay una parte del partido para la que nadie me ha preparado.
Si España gana, sé perfectamente lo que harán mis padres.
Me abrazarán. Y lo harán con una felicidad inmensa.
No porque España haya ganado, sino porque habrá ganado su hijo.
Ellos dejaron toda una vida atrás para empezar de nuevo a diez mil kilómetros de su casa, de su gente y de su familia. Construyeron una vida desde cero para que mi hermana y yo pudiéramos tener oportunidades que ellos nunca dejaron de perseguir.
Y sé que ese día mi felicidad estará por encima de cualquier bandera.
Eso hacen los padres. Al menos, los míos.
Si gana Argentina, no sé si tendré la madurez suficiente para abrazarlos con la misma alegría con la que ellos me abrazarían a mí. Y me da un poco de vergüenza reconocerlo.
Pero sí sé una cosa.
Habrá una parte de mí que será inmensamente feliz por ellos.
Porque sé lo que significa seguir defendiendo a tu país desde tan lejos, celebrarlo, echarlo de menos y seguir sintiéndolo como casa incluso después de tantos años.
Pensaré en mis abuelos, en mis tíos y en mis primos.
Estoy seguro de que estarán celebrando como nunca.
Pero también estoy seguro de que, durante un instante, alguno mirará alrededor y se acordará de su nieto, de su sobrino o de su primo español que esta vez quería que ganara el otro.
Y creo que ahí está la verdadera suerte de todo esto. No en tener dos países, sino en haber crecido queriendo a los dos sin haber sentido nunca que tenía que renunciar a ninguno.
Quizá esta final solo sea un partido para millones de personas.
Para mí es el resultado de una decisión que tomaron mis padres hace muchos años.
Ellos dejaron un país para construir una vida en otro y, sin saberlo, consiguieron que su hijo nunca tuviera que elegir entre querer a uno o querer al otro.
Solo entre qué camiseta ponerse durante noventa minutos.
El domingo iré con España.
Pero el lunes seguiré siendo exactamente el mismo.
El gallego para los argentinos.
Y el argentino para los españoles.
Y, sinceramente, no cambiaría eso por nada del mundo.
